jueves, 8 de marzo de 2007

Parecidos pero diferentes*





La primera foto es de Henri Cartier-Bresson (Behind the Gare Saint-Lazare, 1932). La segunda, de la gente de prensa de Pro (Salto al bache en La Boca, 2007).

La primera foto emociona. La segunda asusta.

*Otro aporte de Cecilia Profético.

lunes, 5 de marzo de 2007

Subestimar a un artista


José Pablo Feinmann cayó en un error muy común de los últimos años: creer que Martin Scorsese dirigía sus últimas películas con el único objetivo de ganar un Oscar, ese reconocimiento que le fue esquivo durante tantos años y que finalmente consiguió la semana pasada. "Ultimamente daba pena. Filmaba para ganar el Oscar" [1], escribió, en la contratapa de ayer de Página/12.

Esa afirmación subestima el trabajo de uno de los más grandes realizadores de los últimos 40 años. No olvidemos, por ejemplo, que en 2005, después de ser nominado y no ganar con Pandillas de Nueva York (2002) y El aviador (2004), Scorsese estrenó No Direction Home: Bob Dylan (2005), excelente documental para televisión sobre la etapa temprana de la carrera de Dylan por el que, obviamente, no podía aspirar a un premio de la Academia.

La afirmación, además, desprestigia la carrera de uno de los integrantes más notables de aquella brillante camada de cineastas, popularmente conocidos como movie brats (cachorros de cine), conformada por figuras como Francis Ford Coppola, Brian De Palma, George Lucas, Steven Spielberg y otros, menos conocidos para el gran público, como Joe Dante, Peter Bogdanovich o John Sayles. Aquel grupo que en los primeros setenta, cuando Hollywood aún no se recuperaba del derrumbe del studio system, le cambio la cara al cine estadounidense.

En la misma nota, unas líneas más abajo, Feinmann escribió: "Pero hay algo incómodo en esta historia. ¿Se cierran los olvidos (y los dolores que en un artista producen los olvidos, la falta de reconocimiento) con una estatuilla tardía a propósito de un film que será bueno pero no es una gran obra sino una gran excusa? Imaginemos lo imposible (para eso está la imaginación): Scorsese sube, recibe la estatuilla y dice: 'Señores, les dejo aquí, sobre esta tarima, este Oscar que sirve para serenar a ustedes pero no para alegrarme a mí. Lo hubiera necesitado hace veinte años, cuando tenía dudas sobre mi talento. Ahí es cuando un premio ayuda a un creador. Ahora sé lo que valgo y, contrariamente a Blanche Du Bois [2], no necesito vivir de la bondad de los extraños'. Sus tres amigos lo aplauden a rabiar. Contagiado, el auditorio se pone de pie. Al día siguiente, en las primeras planas de los diarios se lee: 'Scorsese, de espaldas al Oscar pero de frente a sí mismo'. Habría sido preferible. Porque la última risa no es la mejor. O no siempre lo es. A veces es la patética carcajada de los que mendigaron algo que les llegó demasiado tarde" [3].

Lo de la falta de reconocimiento es parcialmente falso: Scorsese ya contaba antes del Oscar con el reconocimiento de casi todo el mundo del cine. Productores, directores, actores, críticos, espectadores y demás personas relacionadas directa o indirectamente con el cine lo consideraban, en mayor o menos medida, uno de los grandes. En esto había una infrecuente unanimidad. Contaba con dos Palme d'Or en Cannes por Taxi Driver (1976) y Después de hora (1985), entre otros varios premios. Y no por casualidad la revista francesa Cahiers du Cinéma --la más influyente, aunque tal vez no la mejor-- le pidió que hiciera de redactor jefe en su número 500, de 1996. Sólo le faltaba el reconocimiento, tan cuestionable desde el punto de vista artístico, de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos.

Lo de "no es una gran obra sino una gran excusa" es opinable. Yo creo que sí es una gran obra, la mejor de Scorsese desde Buenos muchachos (1990), y no una excusa para conseguir un premio. Pero, insisto, podríamos discutir horas sobre el asunto sin llegar a un acuerdo.

En el prólogo de El cine por asalto, Feinmann dice, sobre su trayectoria como guionista: "Escribí más de treinta guiones para la cinematografía de mi país. No se filmaron todos. Aunque por suerte cobré la mayoría de ellos (...) Gané muchos premios, algo que permite al guionista subir sus honorarios. Nunca viene mal" [4].

En Pasiones de celuloide describe su experiencia en Hollywood, durante el rodaje de Love walked in (1997), película basada en su novela Ni el tiro del final que dirigió Juan José Campanella. En un tramo relata la fiesta de fin de filmación, en Manhattan: "(...) alguien a quien no conozco, se me acerca y dice: 'Me dijeron que sos el autor de la novela original, pero yo ya lo sabía'. Le pregunto por qué. Y dice: 'Porque sos el más feliz de la fiesta'. Era cierto" [5].

¿Desde qué lugar se ubica Feinmann --a quién, como vimos, no le vienen mal los premios y lo seduce Hollywood-- para pretender que Scorsese rechace el primer Oscar de su carrera?


[1] Feinmann, José Pablo: Scorsese, el que ríe último ríe peor, diario Página/12, domingo 4 de marzo de 2007. Página 36. Se puede leer la nota completa en internet: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-81161-2007-03-04.html
[2] Blanche Du Bois es uno de los personajes de Un tranvía llamado deseo, obra teatral de Tennessee Williams. Sobre el final, se deja conducir mansamente al manicomio, confiada en la bondad de dos desconocidos.

[3] Feinmann, José Pablo: artículo citado.
[4] Feinmann, José Pablo: El cine por asalto. Ensayos y variaciones, Grupo Editorial Planeta, 2006. Páginas 9 y 10.
[5] Feinmann, José Pablo: Pasiones de celuloide. Ensayos y variedades sobre cine, Grupo Editorial Norma, 2004 (segunda edición). Páginas 170-172.

lunes, 26 de febrero de 2007

La noche en que Scorsese (por fin) ganó un Oscar

Tal como anticipó ayer El Impreciso, Martin Scorsese obtuvo anoche su primer Oscar. La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos saldó así su deuda con uno de los más grandes realizadores de los últimos 40 años. Luego de haber dirigido enormes películas (como Taxi Driver, Buenos Muchachos y, sobre todo, Calles salvajes y Toro salvaje), por lo menos le entregaron la estatuilla por un buen film, algo que no hubiese ocurrido con sus recientes nominaciones por Pandillas de Nueva York y El aviador. Así que, al menos por este año, podemos decir que los Oscar no son artísticamente de morondanga.

Con Los infiltrados, Scorsese confirmó algo tan viejo como el cine mismo: que con una cámara ubicada en el lugar preciso y música bien elegida alcanza para hacer una buena película. El travelling que acompaña la entrada de Jack Nicholson al mercadito con "Gimme Shelter" sonando de fondo (una de las primeras escenas del film) es un buen ejemplo en este sentido. La cinta se impuso anoche en cuatro de sus cinco nominaciones: película, dirección, guión adaptado y edición. Marty, con alguna lágrima detrás de sus enormes lentes, recibió el premio de manos de otros tres grandes: Francis Ford Coppola, Steven Spielberg y George Lucas.

En las actuaciones no hubo sorpresas: sabemos que a la Academia le encantan las imitaciones, las caracterizaciones y los cambios de acento. Consecuentemente, premiaron a Helen Mirren por La reina y a Forest Whitaker por El último rey de Escocia. Alan Arkin fue el mejor actor de reparto por Pequeña Miss Sunshine y Jennifer Hudson --ganadora de "American Idol" y fiel representante del american dream-- la mejor actriz por Soñadoras.

El promocionado boom de los mexicanos fue, por suerte, apenas un bluff: Babel y Niños del hombre pasaron desapercibidas. Un poco mejor le fue a El laberinto de Fauno: ganó por maquillaje, fotografía y dirección de arte, aunque la mejor película extranjera fue la alemana Das Leben der Anderen, de Florian Henckel von Donnersmarck.

Gustavo Santaolalla volvió a ganar la estatuilla a la mejor música original, el único premio que consiguió Babel. Nos cae bien Santaolalla, y cuando subió a buscar el Oscar afloró cierto espíritu patriotero y se nos dibujó una sonrisa. Pero también es cierto que su música colaboró con la insoportabilidad de la película. Otra sonrisa nos había arrancado un rato antes Ennio Morricone, cuando Clint Eastwood le entregó un Oscar honorario por su trayectoria.

Una de las sorpresas de una noche sin sorpresas fue la derrota de Cars como mejor película animada frente a Happy Feet, el pingüino, de George Miller (¿otro mérito de Kirchner?). Como no podía ser de otra manera, en la autodenominada primera gala "verde" de los Oscar Al Gore se llevó dos estatuillas: La verdad incómoda como mejor documental y I Need to Wake Up, de Melissa Etheridge, como canción original. Más allá de esta eterna corrección política de la Academia, nos gustó además el premio al vestuario para María Antonieta, de Sofía Coppola, una película subvalorada por la crítica.

No le prestamos demasiada atención al insoportable e interminable tránsito de las estrellas por la alfombra roja (¿alguien le va a decir alguna vez a la insufrible Ana María Montero, la de TNT, que sólo con hablar inglés no alcanza?). Muchos menos nos vamos a dedicar a analizar quiénes fueron los peor y mejor vestidos. Pero ante la ausencia de Jennifer Connelly (si estuvo, no la vi) podemos decir que las más lindas de la noche fueron Helen Mirren y Diane Keaton, que anunció el premio a la mejor película junto al gran --y ahora rapado-- Jack. Sí, ya se que podrían ser mis abuelas, pero qué bien le pasan los años a estas dos señoras.

domingo, 25 de febrero de 2007

Estamos con vos, Marty


Dentro de un rato comienza en el Kodak Theater de Los Angeles la 79º entrega de los premios Oscar. Ya comentamos en este blog algunas cuestiones sobre cuatro de las películas nominadas. Sólo nos faltó Pequeña Miss Sunshine, que dejé pasar cuando se estrenó en cine, aún no se ha editado en DVD y no la repusieron luego de las nominaciones. Recién la vi esta tarde (tuve que bajarla con el eMule*) y es una buena película. Pueden encontrar una crítica interesante de Rodrigo Seijas en Cineísmo.

Según nuestros lectores (¿tendremos alguno?) la ganadora como Mejor Película será Los infiltrados, de Martin Scorsese, como pueden ver más abajo, en el gráfico con los resultados de la encuesta que tuvimos colgada en el blog hasta hace unos minutos. Lo que no significaría el primer Oscar para el gran Marty, ya que --bien sabido es-- el premio a la película en Hollywood es para el productor y no para el director. Nuestra corazonada, de todas maneras, es que "Los infiltrados" se llevará los dos, película y dirección. Luego del triunfo de Vidas cruzadas el año pasado, no creo que la Academia reincida en galardonar al cine choronga (en este caso, representado por Babel). Pero si no es así ya tendremos tiempo para reiterar que los premios Oscar son artísticamente de morondanga.


*A quienes suelene bajar películas con el eMule, les recomiendo la página Cine Subtitulado. No tiene gran cantidad de films, pero todos están en idioma original y con subtítulos pegados de buena calidad (sin faltas de ortografía y demás errores). Ideal para quienes después pretenden grabar en DVD.

¿Ustedes odian...



...a estas insoportables ranas tanto como yo? Si es así, habrá que tener paciencia: La familia del futuro se estrena en Argentina recién el 29 de marzo.