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jueves, 2 de agosto de 2007

Periodismo gacetillero

La definición de un concurso de blogs organizado por Intel (presentada con el remanido recurso del travelling que sigue algún objeto) confirma que la blogosfera no está exenta de uno de los males que aquejan a los programas del canal de cable Metro: el periodismo gacetillero.

jueves, 19 de julio de 2007

El mundo no ha vivido equivocado

Inodoro Pereyra, el Negro Fontanarrosa y Boogie, el aceitoso
El del medio (genial escritor, humorista y dibujante, futbolero y divertido como pocos) murió esta tarde, a los 62 años. Quienes lo acompañan en este dibujo, por suerte, vivirán para siempre. En eso, al menos, el mundo no ha vivido equivocado.

lunes, 9 de julio de 2007

Nieve en Buenos Aires

Nieve en Buenos AiresLa ilusión que me generó mi vieja durante la infancia se concreta ahora, cuando me importa más bien poco. Veo por la ventana los copos blancos, que no alcanzan para armar un muñeco pero confirman lo que nunca pensé ver.

En un país donde el 26,9 por ciento de la gente es pobre y el gas no llega a todos lados, Todo Noticias está mostrando a un grupo de personas que salió a celebrar en las calles de Lomas de Zamora. Hay dos que agitan una bandera de Boca, gesto que no alcanza para redimirlos de semejante estupidez. Los cronistas se limitan a hablar de día histórico, como si la historia estuviera hecha exclusivamente de excepcionalidades.

Recuerdo una contratapa de Página/12 de hace casi un año, cuando cayó aquel granizo que se hizo carne en la endeble memoria de los porteños. La escribió Juan Sasturain y decía, en uno de sus párrafos:

"La meteorología no es una ciencia exacta –ninguna lo es–, pero sí una disciplina mezclada, que gusta entreverar, matizar sus juicios altamente ideologizados con apreciaciones que combinan lo ético y lo estético sin pudores ni reparos. Afirmar, por ejemplo, que para el fin de semana se espera tiempo bueno o que ayer fue un día feo (y que todos entendamos a qué se refieren tales dichos y pronósticos) supone no sólo un correlato groseramente griego de identidad entre lo bueno y lo bello sino, y sobre todo, la tácita afirmación de lo soleado/templado como ideal climático, lo que es, en principio, arbitrario: sólo ciertas regiones del globo disponen de esa opción entre sus posibilidades diarias o estacionales. En otros contextos, de Groenlandia a Etiopía, de Rangoon a La Paz, la idea de buen tiempo o de día feo asimilado con estándares de humedad, temperatura y presión determinados carecería de sentido. Es que todo juicio ético y estético está necesariamente atravesado por la circunstancia, la historia y la cultura en general".
Y agregaba, unos líneas más adelante:
"Es sabido que la lluvia y la nieve tienen, por lo menos como espectáculo, su prestigio poético. Debe ser porque suelen ser motivo de ocasional incomunicación, de espera, puntualizan el paso del tiempo. No todos están tan sacados para disfrutar del agua como Gene Kelly en Singing in the rain, pero Tuñón lo explicó en un inolvidable poema de amor –“entonces comprendimos que la lluvia era hermosa”– y el rastrero Manzanero le pegó la obvia melancolía con alguna rima imperdonable "llover"/"correr" en un bolero con versos de telegrama. Y en cuanto a la nieve, es claro que para disfrutarla hay que tener guita o al menos cabaña y fueguito cerca: no es lo mismo vivir en una escuela rural en la cordillera que ir a esquiar a Las Leñas. O es mucho lo que va de la Navidad blanca de una película de Frank Capra a la feroz intemperie de un relato de Jack London. En fin, que de lo que viene del cielo encapotado se puede opinar según experiencia y circunstancia. Lo que sí es cierto es que no todo viene siempre cuando se quiere. Y eso lo saben los emplumados brujos zapateadores y los rezadores rurales de vista fija en el Cielo (esta vez con mayúscula)".

miércoles, 16 de mayo de 2007

Rosario, la ciudad y sus mujeres

La peatonal Córdoba de Rosario

Estuve ayer todo el día en Rosario. La única vez que había estado fue hace 14 o 15 años. Es curioso porque los tres candidatos porteños más importantes (Filmus, Macri y Telerman) elogian la gestión socialista en la ciudad, que comenzó con Héctor Cavallero en 1989 y continúa hoy con Miguel Lifszic. Realmente es una urbe hermosa, con movimiento, llena de cafés, que desde hace unos años giró su cara hacia el río. Aunque, claro, sólo me moví por las zonas donde hay más guita. No estuve en el Gran Rosario y no transité la avenida Circunvalación, por ejemplo.

De aquella primera visita adolescente me había quedado el recuerdo de las mujeres rosarinas. Ayer pudo confirmar que mi memoria no me engañaba. Pero para ahondar en el tema mejor que lo haga el genial Roberto Fontanarrosa. A continuación, un texto publicado en el portal Rosarinos.
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Somos creativos, a falta de paisaje

Por Roberto Fontanarrosa
Rosario tiene lindas minas y buen fútbol. ¿Qué más puede pretender un intelectual? Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qué vivo en Rosario. Hecho que, por otra parte, no es demasiado curioso. Un millón doscientas mil personas han tomado la misma determinación. Lo de las mujeres, señores, es destacable. Más de una vez pensé, y hasta lo propuse, que si había que hacer una campaña publicitando Rosario como destino turístico, a falta de mar, picos nevados o juegos de azar, teníamos que hacer hincapié en lo de las mujeres. Considerando, además, que ya pasó aquel momento brillante de la ciudad, cuando se proclamaba Capital Mundial de la Prostitución y miles de turistas llegaban a la Chicago Argentina en busca del luminoso barrio de Pichincha. Momento que, por lógicas razones cronológicas, no pude vivir, lo que me recuerda aquella frase de Woody Allen: "Yo me perdí la Revolución Sexual por dos meses".

Admito que nunca encontré una frase impactante para mi propuesta publicitaria. La fellinesca "Rosario, la ciudad de las mujeres" suena un tanto obvia y sin gracia. "Rosario, Capital Nacional de la Potra", rotunda y aceptada rápidamente por la vulgaridad de mis amigos, era sin duda burda y bastante peyorativa hacia el género femenino. Buscar algo en torno a "loba", nos hubiera emparentado demasiado con Roma. La idea quedó en la nada.

Este impulso mío de resaltar la belleza de las mujeres locales se contrapone, paradójicamente, con una inquietante y reveladora teoría que estoy por lanzar en breve mediante mi ensayo Somos todos feos. Sostengo allí, valientemente, que el 90% de los seres humanos nos dividimos, estéticamente, entre normales, feos y horribles. Solo hay, lo lamento, un 10% de bellos, que son aquellos a los que se les paga por su condición de hermosos, aparecen en las tapas de las revistas, desfilan en las pasarelas y brindan sus nombres a perfumes costosos. No se les exige decir frases ingeniosas, pensar o emitir opiniones profundas. Sólo se les reclama que sean lindos. Cuando se generaliza diciendo "La mujer brasileña es bellísima" o "El hombre argentino es muy buen mozo", se habla, duro es admitirlo, de un 5% de nuestros habitantes.

Pero toda teoría tiene su excepción, mis amigos. Y debo aceptar que la mujer rosarina (como la de Cali, Colombia) está muy pero muy buena. Rebuena, dirían los chicos. Y aquí también arriesgo un par de explicaciones a tal fenómeno natural. Primero: la soja. Esta leguminosa (hoy por hoy alimento estrella a nivel mundial) es la base nutricia de la mujer rosarina, la que la hace más sólida, más maciza, más protuberante y más sabia. Segundo: la pendiente de la ciudad hacia la costa. Desde la época de las lavanderas, nuestras señoras han debido bajar hacia el río, descender hacia el Paraná por calles empinadas como Laprida o Rioja, lo que las obliga a echarse hacia atrás buscando el equilibrio, comprimiendo los glúteos, tensando los músculos del estómago y sacando pecho, para sostener, además, el canasto de ropa sobre sus cabezas. Los resultados están a la vista, mis amigos, aunque no todos al alcance de la mano. Usted no puede darse vuelta a mirar a una señora en la peatonal Córdoba porque se pierde. Se pierde la que viene de frente.

La exaltación de las mujeres, asimismo, se entronca en el recurso rosarino de defender la ciudad rescatando el paisaje humano ante la moderada oferta de atractivos geográficos mayores. Seamos realistas, el Paraná boca arriba (como poetizó Pedroni) es enorme, pero no es el mar y alrededor no tenemos ni siquiera mansas serranías, como Córdoba. Entonces, cada vez que el rosarino habla de Rosario, menciona nombres y apellidos: el Che Guevara, Olmedo, Fito Paéz, Baglietto, el Gato Barbieri, etcétera, etcétera, etcétera. Por ahí va la cosa. Más que nada por el lado de la cultura. Y sobre la cultura rosarina siempre hay una mirada curiosa, desde otras latitudes. "¿Por qué en Rosario se produce un movimiento cultural tan grande?", suelen preguntarme periodistas porteños, por ejemplo, que llegan a Rosario y no encuentran lugar en los hoteles, copados por un miniturismo atraído por la oferta de teatro y espectáculos musicales, cuando no congresos o simposios. "Porque en Rosario no hay otra cosa para hacer" contesto yo, medio en serio, medio en broma. Lo que no es absolutamente cierto, pero que algún viso de realidad tiene. Las ciudades turísticas no se caracterizan por generar cultura. En Bariloche, digamos, la gente tiene puesta su energía en alquilar esquís, elaborar chocolate, ahumar ciervos y ofrecer perros San Bernardo con los cuales sacarse fotos. En Mar del Plata la energía recaerá en ofrecer barcas para pescar tiburones, organizar un Bikini-Open, fritar cornalitos y vender choclos en Punta Mogotes. Siempre me pregunto "¿Cuántos escritores dio Las Vegas?".

Debe darse, además, en ciudades como Rosario, un condimento de contagio. "Si de acá salió Fito -se preguntará algún pibe, como el mío, que toca el bajo- y salió Baglietto y salió Litto Nebbia… ¿Por qué no puedo salir yo?". Los proyectos artísticos no suenan, entonces, tan descabellados. Como nadie se asombra en Rosario si un pibe apunta para futbolista profesional. Todos conocemos varios, hijos de amigos, sobrinos o conocidos que ha aparecido en las inferiores de Ñuls, Central o Renato Cessarini.

En definitiva, Rosario es como una Buenos Aires más chica, afortunadamente más chica y con muchos menos habitantes. Soy, lo confieso, uno de los tantos rosarinos que anhelan, egoístamente, que no seamos millones. Nadie ha podido explicarme cual es la ventaja de ser muchísimos, dónde radica el beneficio de ser como San Pablo, o ciudad de México, exagerando. Rosario es una ciudad de inmigrantes, marcadamente italiana, más tanguera que folclórica, más comerciante que colonial, que busca un perfil identificatorio a través de lo que hace y produce, Pero claro, nuestra proximidad con Buenos Aires a veces nos mimetiza con ella. Hablamos como los porteños, el tango nombra a San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo pero ignora el Monumento a la Bandera, no tenemos un cantito como cordobeses, tucumanos o santiagueños y todo esto, en ocasiones, nos acompleja, nos hace pensar que no somos diferentes ni reconocibles o que nos falta una personalidad clara y avasalladora. En verdad, nunca me desveló ese tema. "El estilo es la insistencia", dijo alguien. Y es ocioso sentarse a esperar un estilo. Poco habría producido yo si, antes de empezar a dibujar, hubiese pretendido definir mi estilo. El estilo aparecerá con el correr del lápiz. A mi juicio la identidad, como el movimiento, se demuestra andando. Con una buena cuota de creatividad. Rosario es una ciudad de creativos, mis amigos. Por algo Belgrano, para crear la bandera, eligió Rosario.
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La foto fue tomada de la página web oficial de la Municipalidad de Rosario.

lunes, 14 de mayo de 2007

Campaña sucia

Primero aparecen las fotos de Cecilia Bolocco en topless en Miami junto a "un compañero de trabajo". Después Nair Meza, su hijo no reconocido, ingresa a la casa de Gran Hermano Famosos. Esto huele a campaña sucia contra Carlos Menem. Se ve que el Gobierno está asustado ante la alta intención de voto (?) que muestra el senador riojano para las presidenciales de octubre.

jueves, 10 de mayo de 2007

Quería...

...escribir algo sobre la visita del papa Ratzinger a Brasil y sus declaraciones contra el aborto. Pero con apenas unos trazos y unas pocas palabras Rudy y Daniel Paz lo hicieron mejor en Página/12 de hoy.

sábado, 17 de marzo de 2007

¿Por qué...

...el diario Clarín en la tapa de su edición de hoy afirma que "La ola de robos en countries no para"? ¿Por qué insiste, si sabemos que la realidad es más compleja y no se mueve de manera tan oscilante? La Nación le da un tratamiento similar al caso, aunque sin apelar a la remanida figura de la ola. En un recuadro que acompaña la apertura de la sección Policía del gran diario argentino, el ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian, hace una reflexión inteligente sobre esta supuesta ola. Reitera un concepto que ya había planteado en una entrevista con Página/12 publicada el domingo 4 de marzo.

Había dicho aquella vez: "No sé por qué motivo creen que los countries no pueden ser víctimas de delitos contra la propiedad. Mencionan 15 hechos (N. de R.: hoy suman 18) como denotativos de un estado de cosas terrible. Es muy poco serio. En la provincia de Buenos Aires hay, aproximadamente, 100 mil casas en barrios cerrados. No creo que el robo en 15 de ellas merezca el espacio desmedido que le otorgaron los medios. Esta actitud de los comunicadores contribuye notablemente a la alarma social. Y es muy difícil de contener o contentar con medidas gubernamentales, porque la realidad es que nosotros no vamos a llegar a tener una sociedad sin delitos. Si los medios no entienden que generando alarma no van a producir resultados, perdemos el tiempo todos. Muchos exigen la seguridad de Suiza sin advertir que viven en América latina. Se construyen sus fortalezas, se encierran en sus countries. Y creen que eso es una patente de inmunidad absoluta. Nada les debe pasar porque son ciudadanos que tomaron todos los recaudos".

¿No será la realidad demasiado importante como para dejarla --dejárnosla-- en manos de los periodistas?

jueves, 7 de diciembre de 2006

La fanfarria terapeutista y el cigarrillo


La polémica por la ley que prohíbe fumar en los bares y restaurantes de Buenos Aires ya quedó algo vieja. De todas maneras, conviene leer al respecto al español Antonio Escohotado, siempre brillante y controvertido. El texto es de 2004 y hace bastante que está colgado en su web, pero bien vale la pena.

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Los fumadores, entre el atraco y la estafa

Por Antonio Escohotado

Pensaba dejar los cigarrillos el próximo febrero, dando por suficientes 40 y muchos años de gran fumador, pero el recrudecimiento de la cruzada antitabaco justifica un ejercicio de solidaridad con quienes siguen fumando, y aspiran a ser respetados.

En efecto, los reglamentos no mandan que las tiendas de alpinismo estampen en sus artículos esquelas sobre peligros de la escalada; ni imponen a la manteca y la mantequilla esquelas parejas sobre los riesgos del colesterol. Ni siquiera los concesionarios de motos y coches deportivos deben incorporar algo análogo sobre accidentes de tráfico. Vendedores y bebedores de alcohol, quizá por respeto al vino de la misa, no son molestados. Quienes usan compulsivamente pastillas de botica resultan pacientes decorosos, y quienes toman drogas ilícitas son inocentes víctimas, redimibles con tratamiento. El tabacómano y el simple usuario ocasional de tabaco, en cambio, son una especie de leprosos desobedientes, que pueden curarse con sanciones y publicidad truculenta.

Es indiscutible que el humo molesta, y que debe haber amplias zonas para no fumadores. Sólo se discute qué tamaño tendrán en cada sitio (edificios, barcos, aviones) las zonas para fumadores. Cuando algo que usa un tercio de la población recibe una centésima o milésima parte del espacio -o simplemente ninguna- oprimimos a gran número de adultos, capacitados todos ellos para exigir que las leyes no reincidan en defenderles de sí mismos. Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789, al reconocerse los Derechos del Hombre y del Ciudadano, gracias a lo cual en vez de súbditos-párvulos empezamos a ser tratados como mayores de edad autónomos. Y es llamativo que en un momento tan sensible al respeto por muy distintas minorías cunda un desprecio tan olímpico hacia la única minoría que se acerca a una mayoría del censo. Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.

Con todo, la sustancia del atropello no cambia al sustituir sotanas negras por batas blancas. Si atendemos al asunto concreto, vemos enseguida que la fanfarria terapeutista disimula y deforma sus términos. En primer lugar, la nicotina estimula, seda y previene algunas enfermedades; los agentes propiamente nocivos son alquitranes derivados de asimilarla por combustión. El gendarme terapéutico ¿se ocupa acaso de promover alternativas al alquitrán? Las primeras patentes de cajetillas con una pila que calienta el tabaco a unos cien grados, hasta liberar la nicotina sin producir alquitranes, tienen más de 20 años. Esos revolucionarios inventos para inhalar selectivamente han ido siendo comprados por las grandes tabaqueras, como es lógico; pero que Philip Morris o Winston se arriesguen a poner en marcha tanto cambio pide un cambio paralelo en la actitud oficial, hoy por hoy anclada al simplismo de satanizar la nicotina.

En segundo lugar, las incoherencias del terapeutismo coactivo brillan en el hecho de que sus desvelos por la salud del fumador no incluyen informar sobre o intervenir en qué fumamos, cuando el tabaco ronda una quinta parte del contenido de cada pitillo. El resto, llamado sopa, es una receta confidencial del fabricante, cuya discrecionalidad le permite novedades como añadir tenues filamentos de fósforo al papel, para que queme más deprisa. En tercer lugar, a este generalizado trágala se añaden promesas de doblar el ya exorbitante precio de las cajetillas, como si sumir en ruina al tabacómano le resultara salutífero.

Así, los deleites unidos a fumar -que son básicamente energía y paz de espíritu-, y los inconvenientes de dejar esa costumbre -que son desasosiego, y resucitar la codicia oral del lactante- pretenden solventarse con un cuadro de castigos: no saber qué fumamos, no tener alternativas a una inhalación de ilimitados alquitranes, padecer atracos al bolsillo, sufrir discriminación social, o comulgar con falsedades (como que estaremos a salvo de cáncer pulmonar, bronquitis, arteriosclerosis e infartos evitando el tabaco). Curiosamente, el cruzado farmacológico norteamericano, que está en el origen de esta iniciativa, se niega por sistema a reducir sus emisiones de gases tóxicos firmando Kioto, sin duda porque tragar humo de modo involuntario y no selectivo es tan admisible como inadmisible resulta tragarlo de modo voluntario y selectivo.

Ante tal suma de iniquidades, un grupo tan nutrido como el tabaquista debe reclamar los mismos derechos que cualquier minoría, empezando por regular él mismo sus propios asuntos. Actos de pacífica desobediencia civil en cada país, como encender todos los días varios millones de cigarrillos a cierta hora, parecen sencillos de organizar, y prometen tanta fiesta para los rebeldes como impotente consternación en el gendarme higienista.

Moliére lo comenta ya en L'amour médecin: «el tabaco es droga de gente honrada, como el café». Reconozcamos también que en tiempos de Moliére no se había descubierto el cigarrillo, ni Hollywood había promocionado tan abrumadoramente su empleo. Doy por evidente que los ceniceros sucios despiden un olor asqueroso, que el tabacómano es una especie de manco, y que fumar muchos cigarrillos genera a la larga efectos secundarios funestos. No por ello resulta más arriesgado que conducir deprisa. Ni es más insensato que ignorar el cultivo del conocimiento, la práctica de la generosidad o prepararse cada uno para su venidera muerte. Lo arriesgado es que la ley saque los pies del tiesto, lanzándose a proteger a los ciudadanos de sí mismos, como si la sociedad civil pudiera administrarse a la manera de un parvulario.

Cuando nos atracan entregamos el botín a disgusto, conscientes de padecer una agresión. Cuando nos estafan lo damos a gusto, imaginando hacer un buen negocio. Pero es estafa, y no buen negocio, cargar con planes eugenésico-paternalistas que siempre aúnan despotismo con frivolidad. Dejar de fumar sólo cuesta tanto porque sus efectos primarios -anímicos y coreográficos- generan un placer sutil. Sin duda, haremos bien dejando de fumar compulsivamente, mientras eso no nos amargue el carácter y desemboque en efectos secundarios como obesidad, inquietud o sustitutos químicos para la sedación-estimulación que obteníamos encadenando cigarrillos. Como dijo Epicteto, "nada hay bueno ni malo salvo la voluntad humana", y si lo olvidamos todo el horizonte se torna banal, no menos que proclive a confundir opresión con protección, estafa con benevolencia.

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Nota: la imagen que acompaña este post es una escena de "Buenos noches... y buena suerte", gran película de George Clooney que recrea de manera notable, humo mediante, los ambientes de la época. Cuenta la historia de Edward R. Murrow, un periodista estadounidense que en la década del cincuenta se opuso desde su programa de TV (en el que fumaba mientras salía al aire en vivo) al macartismo. Lo interpreta David Strathairn, que durante el rodaje se bajaba cuatro atados por día... a pesar de no ser fumador.

jueves, 30 de noviembre de 2006

Leer la inseguridad

Ya hemos planteado en este blog algunas cuestiones sobre el juicio por jurados (acá y acá). Juan Carlos Blumberg se refirió ayer al tema durante una jornada de "seguridad ciudadana". Cuando lo consultaron sobre el caso de un empresario que fue condenado el miércoles a 10 años de prisión por matar a dos hombres que le habían robado el reloj, respondió, según un cable de la agencia de noticias Télam (sin link): "Nadie tiene derecho a matar a nadie, pero si hubiera sido un juicio por jurados el que dictara sentencia tal vez no hubiera sido igual porque la gente tiene otra lectura de la inseguridad".

Es por estas otras lecturas de la inseguridad de las que habla Blumberg que tenemos tantas dudas sobre la implementación del juicio por jurados.

martes, 21 de noviembre de 2006

Más sobre el juicio por jurados

Hace unos días planteamos algunas cuestiones sobre el juicio por jurados, iniciativa que el Gobierno impulsará en el Congreso antes de fin de año. Gustavo Arballo nos acercó una interesante discusión que se generó en su blog, mucho más técnica pero para nada inaccesible.

lunes, 13 de noviembre de 2006

¿Justicia o linchamiento?



Está claro que se hace imprescindible oxigenar la Justicia, el menos democrático de los tres poderes del Estado. La renovación de la Corte iniciada por Kirchner (y que concluye con el proyecto para reducir a cinco el número de miembros) avanzó en ese sentido. Pero ahora el Gobierno --a través de CFK-- está impulsando el juicio por jurados, previsto por la Constitución Nacional en su artículo 24 y nunca instaurado. En el país ya hubo algunas experiencias en Córdoba.

Juan Carlos Blumberg, siempre recostado en las ideas lombrosianas y en las teorías del Manhattan Institute y la Heritage Foundation, hace rato que insiste con la cuestión, que integró todos sus petitorios. Este fin de semana, en una entrevista con Página/12, Raúl Eugenio Zaffaroni se mostró rotundamente en contra.

¿Es el juicio por jurados una forma de participación popular que ayudará a democratizar la Justicia? ¿O abre la posibilidad de que abogados inescrupulosos (tipo Burlando) monten un show mediático a lo Petrocelli para convencer al jurado? ¿Da carta blanca para que los argentinos suelten todos sus prejuicios y terminen linchando a un "negro cabeza" porque se robó un queso en el súper? ¿O ayudará a terminar de una vez por todas con la burocracia judicial vitalicia? En definitiva: ¿es una iniciativa piola o forma parte de la paranoia blumberiana?