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lunes, 9 de julio de 2007

Una vindicación de Riquelme

Juan Román Riquelme Luego del triunfo de Boca en la final de la Libertadores aplaudí de pie a Juan Román Riquelme. Sostuve: "Y todavía hay algunos necios que lo discuten...". La goleada de ayer ante Perú ratifica que Román es uno de los mejores jugadores del mundo.

Algunos cuestionan que no muestra en la Selección al mismo nivel que en Boca, que es un pecho frío o --directos, ya sin figuras trilladas-- que es un amargo.

Esta última crítica no merece mayor atención. Se suele tildar de amargos y pechos fríos a los jugadores que corren poco. Y pedirle a Riquelme que corra tiene tan poco sentido como reclamarle a Abbondanzieri que haga goles.

Por otro lado, sería ingenuo pretender hoy que un delantero que haga 47 goles en 34 partidos, como logró Arsenio Erico en 1937. O 60 en 57, marca de Héctor Scotta en 1975. Sin embargo sí se le pide a Riquelme que vaya siempre para adelante, que desequilibre con cada pelota. Es un reclamo descontextualizado, que atrasa al menos unos cuantos años.

Partidos como los de Maradona contra Inglaterra o Bélgica en México 86 ya casi no se ven. Tal vez el de Zidane frente a Brasil, el año pasado en Alemania, haya sido uno de los últimos donde un tipo saca ventaja en cada intervención, las juega todas bien, se pone el equipo al hombro y hace jugar a todos. Y se trata de una excepción de alguien que, está claro, fue mucho más que Riquelme.

Hoy, creo, se imponen los jugadores de una sola jugada (one play men podrían decir los yankis, tan adeptos a estas definiciones breves). Tipos que se muestran intrascendentes durante casi todo el partido y en una o dos intervenciones lo definen. Es lo que está mostrando Robinho, el mejor hombre de Brasil en la Copa América. Con defensas tan cerradas y pocos espacios no se puede hacer mucho más.

Riquelme es un jugador honesto, transparente. Tipos como Tevez saben disimular un mal partido: corren, meten, las pelean todas. Román nunca esconde nada, ni en las buenas ni en las malas. Por eso, a quienes lo cuestionan les recomiendo ver la última publicidad de Quilmes. Tal vez se sientan identificados.

jueves, 21 de junio de 2007

¡Grande, Román!

Juan Román Riquelme Y todavía hay algunos necios que lo discuten...

viernes, 15 de diciembre de 2006

Festejar el fracaso ajeno

A las gallinas recalcitrantes que se mofan de la derrota de Boca ante Estudiantes, como Leo Farinella, El Criador de Gorilas o Humberto Acciarressi, que últimamente no pueden más que limitarse a festejar los fracasos ajenos, les recomendamos leer a Daniel Lagares en Clarín del miércoles.

Mientras López sigue sin aparecer...

...y se prepara un presupuesto para 2007 con más de 1.500 millones de pesos de déficit y los docentes van al paro casi todas las semanas y miles de personas viven en municipios del Gran Buenos Aires con calles de tierra sin cloacas ni agua corriente y un número similar sobrevive por debajo de la línea de la pobreza.

Mientras pasa todo esto, Felipe Solá felicita en nombre del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires al Estudiantes campeón con un aviso de más de un cuarto de página en Clarín de hoy*.

*Un aporte del amigo Diego.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Cuando el cine hace pensar... boludeces

Quienes sostienen que Ed Wood es el peor director de la historia del cine nunca vieron una película de Enrique Carreras. En el centenar de obras de este prolífico y deslucido realizador se destaca un filme de hace más de 20 años que hoy, a la luz de los hechos que son de público conocimiento, adquiere candente actualidad: Los Barras Bravas, de 1985, con las actuaciones estelares de la gran (esta va en serio) Tita Merello, de Juan Carlos Altavista y de --cuándo no-- Mercedes Carreras.

Se trata de un hondo drama que describe a los ponchazos, con un trazo excesivamente grueso, una bajada de línea obscena y todos los prejuicios imaginables los horrores que causan estas hordas de animales salvajes que se reúnen cada domingo para saciar su sed de violencia. Una (des)acertadísima mirada sobre los inadaptados de siempre, sobre un problema enquistado desde hace mucho en el fútbol doméstico que todo aquel argentino preocupado por su país (incluido el abominable Julito Grondona) no debería dejar de ver. Los interesados la pueden padecer cada tanto en Volver.

jueves, 9 de noviembre de 2006

Cuatro goles, miles de sospechas


Boca y Gimnasia continuaron anoche un partido que había empezado hace dos meses. La barra del Lobo amenazó a los jugadores, que nunca pusieron la pierna y despertaron toda clase de suspicacias. Boca hizo dos goles en off side y le regalaron un penal al minuto de juego. Como escribió Sasturain en Página/12, dan ganas de vomitar.

Es ingenuo pensar que un negocio que mueve tantos millones no esté roñoso. A esta altura de las circunstancias lo único que nos mantiene atados al fútbol es la ilusión: si el domingo Bustos Montoya se despierta iluminado y enmudece a la Bombonera con tres goles en 15 minutos no hay árbitro, barra o guita que alcance. Pero esas cosas son demasiado infrecuentes...